
Durante un viaje en bus, una sala de espera o incluso en un receso de clases, la escena suele repetirse: la mayoría de las personas tiene la mirada fija en la pantalla de su celular. Hace algunos años, era más común ver a alguien con un libro o un periódico en las manos. Hoy, las redes sociales, los videos cortos y las aplicaciones móviles ocupan gran parte de nuestro tiempo.
Este cambio ha generado una pregunta que preocupa a docentes, padres de familia y especialistas: ¿la tecnología está reemplazando el hábito de la lectura o simplemente ha cambiado la forma en que leemos?

En Ecuador, los datos muestran que la lectura sigue siendo un desafío. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), el 26,5 % de los ecuatorianos no dedica tiempo a leer. Entre quienes no leen, más de la mitad afirma que la principal razón es la falta de interés, mientras que casi un tercio asegura que no tiene tiempo.
Al mismo tiempo, el uso de internet continúa creciendo. El acceso a teléfonos inteligentes y redes sociales ha hecho que las personas pasen varias horas al día consumiendo contenido digital. Aunque gran parte de ese contenido implica leer, generalmente se trata de publicaciones breves, mensajes o titulares que se consumen en pocos segundos, muy diferente a la lectura profunda que requiere un libro.
Sin embargo, la tecnología no solo representa un reto para los hábitos lectores. También ha abierto nuevas oportunidades. Plataformas como BookTok y clubes de lectura en redes sociales han despertado el interés de miles de jóvenes por descubrir nuevos libros y compartir sus opiniones. Muchas librerías y bibliotecas ecuatorianas también utilizan las redes sociales para acercar la lectura a nuevas generaciones.
Ejemplo: https://www.tiktok.com/@reiny_reads_/video/7649144567635266823?q=boktok&t=1783134739743
Más que señalar a la tecnología como la responsable de que se lea menos, el verdadero desafío parece estar en encontrar un equilibrio. Las pantallas forman parte de la vida cotidiana, pero los libros continúan siendo una herramienta esencial para desarrollar la imaginación, el pensamiento crítico y la comprensión. La pregunta ya no es si la tecnología reemplazó a la lectura, sino cómo podemos aprovecharla para formar más lectores en un mundo cada vez más digital.