¿Por qué algunas personas disfrutan leer desde pequeñas mientras que otras nunca desarrollan ese hábito? La respuesta no siempre está en la escuela. El entorno en el que una persona crece también influye en su relación con los libros.


La familia suele ser el primer espacio donde los niños tienen contacto con la lectura. Escuchar un cuento antes de dormir, visitar una biblioteca o simplemente ver a los padres leyendo son experiencias que pueden despertar la curiosidad y el interés por los libros. Cuando estas prácticas forman parte de la vida cotidiana, es más probable que la lectura se convierta en un hábito que acompañe a las personas durante su crecimiento.
Sin embargo, la realidad no es la misma para todos. En muchos hogares, las largas jornadas de trabajo, la falta de tiempo o la ausencia de libros hacen que la lectura pase a un segundo plano. A esto se suma que el entretenimiento digital ocupa cada vez más espacio en la rutina diaria, lo que reduce las oportunidades para compartir momentos de lectura en familia.

El entorno social también tiene un papel importante. Los amigos, los docentes, las bibliotecas, las ferias del libro y las actividades culturales pueden despertar el interés por leer. Una recomendación de un compañero, un profesor apasionado por la literatura o una visita a una feria del libro pueden convertirse en el inicio de un nuevo hábito.
En Ecuador se han impulsado diferentes iniciativas para fomentar la lectura dentro y fuera de las aulas. El Ministerio de Educación destaca que la formación de lectores es una responsabilidad compartida entre la familia, la escuela y la comunidad, ya que estos espacios ayudan a que la lectura deje de verse únicamente como una tarea escolar y se convierta en una actividad de disfrute y aprendizaje.
Con el objetivo de fortalecer este hábito, el Ministerio de Educación impulsa el programa «Yo Leo», una iniciativa que busca fomentar el gusto por la lectura en niños, adolescentes y sus familias.

A través de actividades como lecturas compartidas, recomendaciones de libros y recursos digitales, el programa invita a que la lectura salga del aula y también forme parte de la vida cotidiana en los hogares.
La propuesta busca demostrar que leer no debe verse únicamente como una tarea escolar, sino como una experiencia que permite aprender, imaginar y compartir.
Más allá de aprender a leer, el verdadero desafío es formar personas que quieran hacerlo por iniciativa propia. Crear espacios donde los libros estén presentes, conversar sobre las historias y compartir el gusto por la lectura son pequeñas acciones que pueden marcar la diferencia. Después de todo, el hábito lector no nace de la obligación, sino de las experiencias que acompañan a cada persona desde su entorno.